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LA QUÍMICA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO
UN GRAN RETO
Uno de los grandes retos actuales es la reducción
de gases de efecto invernadero. Más allá del debate sobre el grado de
influencia de las actividades humanas en el clima, lo cierto es que todos
debemos asumir la responsabilidad de minimizar nuestro impacto en el entorno.
La química, la ciencia que en mayor medida contribuye a garantizar la mejora
continua en nuestra calidad de vida, también se ha convertido en la herramienta
esencial para mejorar la protección del medio ambiente. A través del desarrollo
de tecnologías y procesos cada vez más limpios y eficientes, o mediante la
generación de productos que contribuyen directa o indirectamente a la reducción
de emisiones, los científicos e investigadores químicos trabajan continuamente
en la búsqueda de soluciones al calentamiento global.
EDIFICANDO LA SOSTENIBILIDAD
Las nuevas tecnologías y materiales desarrollados
por la industria química son la clave para reducir el consumo energético de
nuestras viviendas y contribuir a un mundo más sostenible.
Calor de hogar.
El consumo
energético derivado del uso de la calefacción o refrigeración de nuestras
viviendas es uno de los principales focos de emisión de gases de efecto
invernadero. La química proporciona soluciones eficaces fabricando materiales
aislantes, como el poliuretano, capaces de reducir hasta el 80% del consumo
energético de una vivienda, convirtiéndose en una de las más poderosas armas en
la lucha contra el cambio climático. De hecho, la instalación generalizada de
aislamientos estándar en Europa permitiría evitar la emisión de 370 millones de
toneladas de CO2 al medio ambiente.
Materiales y tecnologías eficientes
¿Ventanas que producen electricidad? El desarrollo
de nuevos materiales químicos de altas prestaciones como los recubrimientos
inteligentes para vidrio, permiten reflejar o absorber, según las necesidades,
el calor del sol tanto en edificios como en vehículos. A su vez, el sol, aporta
a las viviendas electricidad mediante la integración de placas o células
solares de origen químico en los tejados. En los últimos años ha aumentado
también el uso de materiales sustitutivos de la madera en la construcción,
generalmente polímeros, con las positivas repercusiones medioambientales que
ello conlleva. El PVC en concreto, es uno de los materiales mejor valorados por
la construcción por su versatilidad e inocuidad lo que permite un gran ahorro
de recursos debido a su gran resistencia y duración en el tiempo. También se
han desarrollado células de parafina microencapsuladas que, incorporadas a los
muros, se comportan como un amortiguador térmico, absorbiendo el calor y
modificando su estado de sólido a líquido a medida que se incrementa la
temperatura. Dependiendo del clima, esta solución aportada por la química
limita las necesidades de aire acondicionado y reduce entre el 15 y el 32% del
consumo energético.
ENERGÍA: BUSCANDO ALTERNATIVAS EFICIENTES
Según los expertos, en 2030 el consumo global de
energía se habrá incrementado un 50% como consecuencia del crecimiento de la
población y de las economías emergentes. Por ello es necesario seguir
incrementando el uso de tecnologías alternativas para producir energía e
incrementar la eficiencia de los procesos de obtención a través de combustibles
fósiles. En el caso de las energías renovables, la química se ha convertido en
una herramienta indispensable.
Energía Eólica, química en el viento.
Las aspas de los aerogeneradores, que pueden
alcanzar una longitud de 80 metros, se fabrican con diversos materiales
químicos como el poliéster reforzado con fibra de vidrio o el PVC, los cuales
resisten a las inclemencias climatológicas a lo largo de su ciclo de vida y
mejoran las prestaciones de otros materiales tradicionales como la madera o el
hierro. La química también se encuentra en la pintura anticorrosiva que protege
los materiales o en el polietileno reticulado que se emplea para su
aislamiento.
La Captura de CO2
Las tecnologías de secuestro o captura de CO2 son
también una de las alternativas que actualmente se analizan para reducir las
emisiones y que pueden aplicarse fundamentalmente en plantas industriales y
centrales de generación de electricidad. Estas tecnologías se basan
fundamentalmente en el uso de procesos y productos químicos que permiten
capturar el CO2 de una fuente emisora, comprimirlo, transportarlo e inyectarlo
en estructuras geológicas subterráneas para confinarlo. La Agencia
Internacional de la Energía ha estimado que únicamente utilizando yacimientos
agotados podrían confinarse hasta el 45% de las emisiones de Co2 de todo el
mundo hasta 2050.
Energía Fotovoltaica, paneles con mucha química
Los paneles
solares transforman la luz del sol en electricidad gracias a las celdas
fotovoltaicas que los conforman. Estas celdas están generalmente compuestas por
delgadas películas de silicio cristalino, en cuyo proceso de purificación
interviene el cloro, o por cristales de arseniuro de galio.
UN TRANSPORTE CON MENOS HUMOS
Gracias a la química, los automóviles actuales
generan tan sólo la décima parte de la contaminación que emitían hace 50 años,
algo esencial si consideramos que 800 millones de vehículos circulan hoy por
todo el mundo. Gracias a los materiales plásticos, a las nuevas tecnologías y a
los nuevos carburantes, los coches son cada vez menos contaminantes y consumen
menos recursos.
¿Te gusta conducir?
Los
automóviles actuales contienen más de 100 kilogramos de materiales plásticos y
cauchos sintéticos que sustituyen aproximadamente a 360 kilogramos de
materiales metálicos. Gracias a ello, los vehículos son hoy más eficientes y
son capaces de consumir menos carburante para recorrer los mismos kilómetros,
lo que implica a su vez una importante disminución de sus emisiones
contaminantes. Los protagonistas de este ahorro energético son el polietileno,
el poliuretano, el poliestireno, el ABS, el PVC, el polipropileno, el poliéster
o el policarbonato.
De los Biocombustibles a la Pila de Combustible
Los
investigadores químicos trabajan constantemente en la búsqueda de nuevos
carburantes más ecológicos y eficientes. Los biocombustibles contribuyen tanto
a garantizar el suministro como a atenuar el efecto invernadero a través de una
doble vertiente: por un lado, mediante la menor emisión de CO2 en su
combustión, y por otro por la absorción de C02 que realizan las plantas durante
su crecimiento. La química también trabaja en el desarrollo de otros
carburantes alternativos como el GPL (gas de petróleo licuado) –sin azufre ni
plomo-, el synfuel –producido sintéticamente a través del gas natural- , o el
hidrógeno. Las pilas de combustible, que transforman hidrógeno y aire en
energía eléctrica, vapor y agua, jugarán en breve un importante papel para
reducir las emisiones en todo el planeta. Aunque ya comenzaron a usarse incluso
en las misiones espaciales Apolo de los años 60 y 70, la tecnología necesitaba
ser económicamente competitiva y eficiente para convertirse en una realidad.
Gracias a la química, este progreso se ha alcanzado
y las aplicaciones de la pila de combustible están emergiendo en diversos
ámbitos como el hogar, los automóviles, equipos electrónicos, o plantas
industriales. La industria química destina anualmente cientos de millones de
euros a la investigación y desarrollo de esta solución versátil, eficiente y
ecológica.
Aditivos y piezas “químicas”
Gracias a las sustancias y aditivos químicos
incorporados a los combustibles se alcanza una mayor eficiencia y rendimiento.
La química también desarrolla filtros de partículas, y su intervención es
necesaria para la fabricación de los catalizadores que reducen la emisión de
gases nocivos.
LA INDUSTRIA QUÍMICA, COMPROMETIDA CON EL PROTOCOLO
DE KYOTO
La industria química es hoy el sector que mayores
recursos dedica a la protección del entorno, generando el 20% del total de las
inversiones ambientales de nuestro país, así como el mayor inversor en
investigación, desarrollo tecnológico e innovación. Su liderazgo en ambas áreas
le ha permitido desarrollar productos, procesos y tecnologías cada vez más
eco-eficientes, y convertirse en el sector clave en la lucha contra el cambio
climático. Gracias a este esfuerzo y pese a haber duplicado su producción, la
industria química ha reducido ya un 4% el conjunto de sus emisiones de gases de
efecto invernadero desde 1990, estando previsto que esta reducción alcance el
25% en 2012, último año de aplicación del Protocolo de Kyoto.
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